lunes, 27 de agosto de 2012

Caricaturas, un divertimento liberal


Desde que la prensa iniciara su andadura en el convulso final del siglo XVIII, la caricatura, al igual que los artículos de opinión, diseccionaron las diferentes realidades del momento.

El siglo XIX, tras los coletazos revolucionarios de las guerras napoleónicas, estuvo marcado por la burguesía ilustrada, los avances tecnológicos, numerosos cambios políticos abruptos e innumerables conflictos armados. Con este panorama, la proliferación de la prensa encuentra el caldo de cultivo ideal para su completo desarrollo.

Entre el sinfín de semanarios, periódicos y revistas que se publican en el siglo XIX encontramos, sobre todo a partir de la segunda mitad, artículos con ánimo de denuncia y caricaturas como crítica a la sociedad. Al amparo de la burguesía vallisoletana afloran una serie de publicaciones de contenido satírico, literario y artístico. Como en otras ciudades españolas, la prensa de estas temáticas centra su crítica en la política, la problemática social e incluso en conflictos bélicos. La caricatura, con la exageración de rasgos y el uso de gestos teatrales, genera mofa e invita a la sonrisa.

Don Narciso Alonso Cortés, ilustre historiador vallisoletano, recogió en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid* algunas caricaturas ilustrativas procedentes de diversos medios locales de las últimas décadas del siglo XIX.

Las publicaciones que contienen los siguientes chistes gráficos pueden ser consultadas en el boletín citado. En palabras de Alonso Cortés, deseos a los que me sumo, la recopilación se ofrece con el propósito de que sus autores no caigan en el olvido. La ironía es la seña de estas caricaturas que, con un estilo muy sintético, manifiestan los anhelos de la burguesía vallisoletana por semejarse a la potente burguesía madrileña.

CARICATURAS

La ilustración pertenece al semanario satírico “La Murga”, de 1865. El tema hace referencia, mediante figuras humanas, a la quiebra de la sociedad de Crédito Castellano en Valladolid. Los personajes son la Banca (doña Unión), los acreedores (don Credo) y el comisario regio del banco, destituido por el escándalo (don Cachaza). El ilustrador y escultor Manuel Fernández de la Oliva (M. Oliva) suele pintar escenas de la vida política.

Doña Unión.- ¡Que me caigo... que me caigo!...
Don Credo.- ¡Ay... ay... ay!...
Don Cachaza.- ¡¡¡Gua!!!
(Los dos primeros se rompen la cabeza y el último recibe el golpe)
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Mefistófeles es otro de los periódicos satíricos y nace en 1871. El caricaturista es Salvador Seijas, pintor de Fuentes de Nava (Palencia). Son ilustraciones morales, reprueban comportamientos extendidos en la época.

EN VARIEDADES.- El.- ¿Quieres venir a dar un paseo por las Moreras?
Ella.- Calla, que está detrás mi marido.
(Publicado en domingo de Carnaval)

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La pajarera. Album de caricaturas escrito por José Estrañi y dibujado por Manuel Pérez Vicente. Este folleto de 1875 es una recopilación de caricaturas de prohombres vallisoletanos. Un ejemplo es el retrato de Ángel Álvarez Taladriz, hombre de muchos talentos, como se puede ver en la leyenda. (El Paseo Zorrilla fue llamado Álvarez Taladriz)


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El inocente fue un periódico humorístico que se publicaba los días 28 de diciembre, como los Santos Inocentes. Todos los contenidos de esta publicación son humorísticos, como las inocentadas. El dibujante Ricardo Huerta es el autor y se editó en 1885 y 1887.


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En 1896 surge el semanario La Mosquita Muerta. Pablo Cilleruelo (Cille) retrata a un alcalde de Valladolid y profesor de Derecho, Eusebio María Chapado.



*Fuentes:
ALONSO CORTÉS, Narciso: "Caricaturistas vallisoletanos" en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, nº 18, 1946

viernes, 10 de agosto de 2012

Lo que vio Alfonso XIII en 1903


Portada Anuario Riera. 1903
El anuario Riera fue un boletín anual editado por el Centro de Propaganda Mercantil de Barcelona entre los años 1896 y 1911 cuyo responsable era el empresario Eduardo Riera Solanich. El compendio recogía la actividad económica e industrial española mediante registros mercantiles, informes estadísticos, geográficos y elementos descriptivos en diferentes provincias, ciudades y partidos judiciales.

En la actualidad, el anuario Riera es una fuente inagotable de información útil para los investigadores  y ofrece una nítida radiografía de la sociedad y del entramado empresarial de la época.

La visita a Valladolid del joven Alfonso XIII junto a su madre supuso uno de los acontecimientos más relevantes en el devenir social de la urbe. Por su importancia, he decidido reproducir algunos de los registros de 1903 del anuario Riera, fecha en la que se produce la visita, para conocer con datos objetivos qué fue lo que se encontró la comitiva real a su paso por la ciudad.



Para confeccionar la siguiente relación de profesiones existentes en Valladolid, he utilizado criterios arbitrarios aunque muy significativos del movimiento económico en la capital castellana extraídos de las páginas de Riera en 1903. Así mismo, ante la inutilidad de plasmar con detalle los registros, he considerado simplificar los datos mediante números.

Información sobre la ciudad de Valladolid en el Anuario Riera de 1903

Valladolid. Ciudad de 68.716 habitantes de H.(hecho) y 67.917 de D.(derecho). Es el principal centro comercial de Castilla y una de las principales capitales del reino; está situada en una extensa llanura regada por los ríos Pisuerga y Esgueva, que allí se juntan. Celebra ferias del 24 al 30 de Junio y del 18 al 29 de Septiembre. La Compañía de los ferrocarriles del Norte tiene establecidos en esta ciudad sus principales talleres. – de Madrid a Hendaya, de Ariza a Valladolid y de Valladolid a Medina de Rioseco.

Extracto de profesiones en Valladolid en el Anuario Riera de 1903
Elemento Oficial
Gobernador Civil. Santos Cuadros
Alcalde. Alfredo Queipo de Llano
Secretario. Tomás Pinedo Lacasé
Juzgados municipales. Distrito de la Plaza. Elpidio Abril García
Distrito de la Audiencia. Modesto Domingo Solanilla
Fiscal. Marcos Miguel Romero
Secretario. Ramiro Martínez de Velasco
Jueces de primera instancia. Dist. Plaza. José María de Castro
Distrito de la Audiencia. José Pardo y Crespo
AUDIENCIA
Presidente territorial. José Álvarez Cid
Presidente de lo Civil. Pedro Higueras
Presidente provincial. Mariano Laspra
Fiscal de S.M. Juan Vázquez

68 ABOGADOS QUE EJERCEN
90 ABOGADOS QUE NO EJERCEN
5 AGENTES DE NEGOCIOS
1 ALCOHOLES – FÁBRICA
7 ALFARERÍAS
12 ALFOMBRAS Y NOVEDADES
2 ALUMBRADO PÚBLICO
5 ARQUITECTOS 
3 AZÚCAR – FÁBRICAS
4 BANCOS + 4 BANQUEROS
7 BAZARES
6 CAFÉS
9 CAMISERÍAS
25 CARPINTERÍAS
25 COLEGIOS PARA NIÑAS
26 COLEGIOS PARA NIÑOS
6 COLEGIOS 2ª ENSEÑANZA
69 COMESTIBLES
25 COMUNIDADES RELIGIOSAS
6 CONSULADOS (Chile, Costa Rica, Francia, Italia, México, Argentina)
11 ESCUELAS MUNICIPALES PARA NIÑAS
4 ESCUELAS MUNICIPALES PARA NIÑOS
6 ESPECTÁCULOS PÚBLICOS (ESPACIOS)
28 ESTANCOS
16 FARMACIAS
5 FONDAS Y HOTELES
8 FOTOGRAFÍA (ESTUDIOS)
22 ALMACENES GRANO
17 HARINAS – FÁBRICAS
19 IMPRENTAS
17 INGENIEROS (VARIAS DISCIPLINAS)
11 LIBRERÍAS
10 MAESTROS DE OBRAS
108 MÉDICOS
13 PERIÓDICOS
28 POSADAS
5 RESTAURANTES
12 COMPAÑÍAS DE SEGUROS
10 VETERINARIOS
20 COSECHEROS VINO + 7 EXPORTADORES
32 ZAPATERÍAS

Fuentes:
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Anuario Riera. 1903. pp. 2073 a 2080
Imágenes:
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Anuario Riera. 1903. p. 5

jueves, 28 de junio de 2012

¿Cómo hemos viajado?

El compromiso que adquiere una población con sus habitantes es el de asegurar el bienestar de todos los que la forman. Las ciudades dotan a sus ciudadanos de servicios básicos que contribuyen a la mejora de la calidad de vida facilitando el abastecimiento de agua, el alumbrado y el suministro de energía, la pavimentación de las calles, la recogida de basuras y el transporte público.

Al contrario que en las grandes capitales como Madrid o Barcelona donde tales necesidades son subsanadas en parte en las últimas décadas decimonónicas, las poblaciones castellanas, menos desarrolladas y con una burguesía todavía poco influyente, deben de esperar unos cuantos años más a que los servicios se estandaricen y solucionen las deficiencias públicas en higiene y movilidad.

Tras esta breve introducción, la temática de este artículo va a girar sobre el transporte público en Valladolid durante el siglo XX. Nos ayudará a conocer cómo el Ayuntamiento velaba por facilitar a sus ciudadanos el derecho a circular libremente por el conjunto del espacio urbano y averiguar qué clase de vehículos se utilizaban para este propósito.

Tranvía de tracción animal. Calle Santiago. Década de 1900.
AMVA: Colección Gilardi.  G 012

En el tránsito del siglo XIX al XX, Valladolid contaba con una población aproximada de 70.000 habitantes formada por una incipiente burguesía, unos cuantos proletarios y una gran masa agraria. Los transportes que utilizaban no eran muy variados, los carros de trabajo llevados por bueyes o mulas y los coches de caballos dominaban las travesías. En estos primeros años surge el tranvía con unas características más semejantes a las del carro que a las del vehículo comunitario. Avanzaba con lentitud sobre raíles insertos en la calzada y solían tirar de él unas mulas por ser animales más apropiados para transportar cargas.

En septiembre de 1910 se pone en marcha el tranvía eléctrico en Valladolid. El nuevo vehículo se aproxima más a un tren al que se enganchan vagones de acuerdo con la estratificación social de los clientes. El acontecimiento adquiere dimensiones de verdadera revolución técnica e incluso toma tintes sobrenaturales como recoge la crónica de El Norte de Castilla el día de la inauguración: “la capital de Castilla, Valladolid tan amado, puede con justicia ostentar el orgullo del esfuerzo cumplido al sentir estremecido su suelo con el trepidar vertiginoso de unos bellos vehículos endiablados movidos solamente por un rayo de luz”.

Vista de la Avenida de Alfonso XIII con tranvía. (Acera Recoletos). Década de 1910.
AMVA: Fotografías del Archivo. PR 044 

El tranvía se descartó pronto como el futuro de las comunicaciones internas dentro de la ciudad porque taxis y autobuses, al no necesitar raíles, ofrecían mayor libertad de movimientos tanto a conductores como a usuarios. El olvido apartó para siempre este medio de locomoción en 1955, fecha fatídica en la que se eliminaron las vías relegando al tranvía a un nostálgico recuerdo.

Mientras el tranvía pierde progresivamente usuarios, muchos propietarios de coches de caballos se embarcan en empresas de transporte privado. Según transcurren los tiempos, los caballos son sustituidos por vehículos a motor, el propietario marca las tarifas y se producen abusos considerables que conllevan conflictos. Durante las primeras décadas del siglo XX, Valladolid carece de normas y legislación definitiva que regule la situación de los taxistas.

Dos personas junto a un taxi. 1935/36.
AMVA: Colección Ulises Asimov (seudónimo). UA 0061


En 1936 estalla la Guerra Civil. Valladolid cuenta entonces con una población extensa, en torno a los 100.000 habitantes. En la capital de Castilla se aglutinan batallones militares que conviven habitualmente con civiles. El régimen franquista exige una nueva burocracia más incisiva, más reglada y más exigente con las leyes. En octubre de ese mismo año se tramitan las primeras licencias de auto-taxi otorgadas por el Ayuntamiento. Los nuevos permisos cuya obtención se consigue tras un considerable desembolso económico permiten circular por las calles de Valladolid sin sobresaltos. Además para conseguir una licencia debes poseer un vehículo automóvil lo bastante amplio para trasportar viajeros con sus respectivos equipajes. Las infracciones habituales por falta de decoro, robar a los clientes o usurpar usuarios a otros compañeros del gremio se castigan con multas exageradas para la maltrecha economía de la época.


Mucho antes de que la revolución femenina llamara tímidamente a la puerta de la sociedad española, las mujeres que habían perdido su sustento económico en la guerra tuvieron que tomar las riendas de su vida y asumir la situación de desamparo de la nueva sociedad franquista. Para soportar las cargas familiares y sacar adelante a sus retoños, muchas fueron las señoras que, bien perteneciendo a buenas familias propietarias de algún automóvil, bien por no tener recursos y reunir con sumo esfuerzo el dinero de sus parientes, adquirieron una licencia de taxi como única salida digna a la pobreza. La mayoría de aquellas mujeres llegaron a jubilarse en los años sesenta y sus hijos heredaron la profesión. Una década después, las mujeres taxistas habían desaparecido casi por completo de las calles de Valladolid.

Autobús Empresa Carrión. Línea 5 - Plaza Mayor - Rubia. Últimos década de los 50.
AMVA: Asociación de la prensa. F 00242 - 001

Con la desaparición del tranvía y el retiro de todo el entramado viario en 1955, la flota de autobuses del Ayuntamiento asume los desplazamientos urbanos. En 1956, la capital contaba ya con tres líneas fijas y sus recorridos se mantuvieron imperturbables durante décadas.

1. Delicias – Fuente Dorada – Barrio de la Victoria
2. Bombilla – Fuente Dorada – Barrio Girón
3. Poniente – Estación del Norte – Puente Colgante


Fuentes: 
ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID. Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011.
Varios expedientes en Archivo Municipal de Valladolid.

Imágenes:
Tranvía de tracción animal. Calle Santiago. Década de 1900. AMVA: Colección Gilardi.  G 012
Vista de la Avenida de Alfonso XIII con tranvía. (Acera Recoletos). Década de 1910. AMVA: Fotografías del Archivo. PR 044 
Dos personas junto a un taxi. 1935/36. AMVA: Colección Ulises Asimov (seudónimo). UA 0061
Autobús Empresa Carrión. Línea 5 - Plaza Mayor - Rubia. Últimos década de los 50. AMVA: Asociación de la prensa. F 00242 - 001

jueves, 31 de mayo de 2012

La niña del siglo XX



A comienzos del presente siglo, la esperanza de la sociedad en el ser humano había sido alentada por lo últimos acontecimientos del siglo XX. La Guerra Fría había terminado y el mundo corría esperando la nueva era con ilusiones renovadas. Con los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York tomamos conciencia que el siglo XXI no iba a ser como pensábamos, quizá por intuir un desagradable y nuevo orden mundial.

Los deseos de progreso son siempre inherentes a la naturaleza humana. Cuando abandonamos un año en el que no nos ha ido como pensábamos desprendemos un pesimismo difícil de disimular, sin embargo, cuando comenzamos el siguiente, nos arrolla el positivismo y, sin remedio, intentamos cumplir las premisas universales de que “todo tiempo pasado fue peor” y de que “todo puede ir a mejor”.

Al igual que nosotros, la sociedad decimonónica vivió el tránsito al siglo XX con verdaderas expectativas de cambio. El pesimismo de la época, alentado por la reciente pérdida de las colonias americanas consideradas el último bastión del descalabrado honor del imperio español, se impone sin remedio en la población generando un profundo malestar que aunado con los grandes males endémicos del país anhela un siglo XX que olvide lo más rápido posible el desgraciado pasado inmediato.

Valladolid pretende entonces dotar de un carácter festivo el comienzo del siglo. Es una de las primeras Nocheviejas con actos solemnes, se decoran los edificios públicos y se propone a los ciudadanos que hagan lo mismo con sus casas. La caridad también se impone y el 1 de enero de 1901, el Ayuntamiento de Valladolid ofrece una comida a los necesitados, es decir, a los pobres del Asilo y a los de San Vicente de Paúl.

En la línea de conmemorar la entrada al siglo del progreso, el Ayuntamiento de Valladolid decide apadrinar al primer recién nacido vallisoletano. Poco tiene que esperar, solo quince minutos pasados de las doce del primero de año. En la calle Mantería ha nacido Margarita Manuela Carbajosa Cubero.
“La niña del siglo” como se acuñó en la prensa, tenía un padre jornalero que permanecía parado debido al invierno. El Ayuntamiento dotó con 250 pesetas a la familia y ofreció al padre un puesto en la plantilla municipal. También se ofreció a cargar con los gastos de la pequeña durante al menos, diez años. Manutención, vestido y educación en el colegio de las dominicas francesas de la calle Santiago correrían a cargo del erario público.

El expediente que guarda el Archivo Municipal acerca de este nacimiento contiene un ripio que cuenta cómo se solemnizó el nacimiento de “la niña del siglo”. Es muy interesante porque, además de las autoridades, grupos de músicos amenizaron la marcha.

Expediente relativo al nacimiento de la niña Margarita Manuela Carbajosa Cubero, nacida a las doce y quince minutos del día 1 de enero de 1900. Fragmento. AMVA. Informes Secretaría. Caja 739 - 25.
Fuentes:
ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID: Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011.
AMVA: C. 739 - 25

martes, 15 de mayo de 2012

Leopoldo Cano, el rostro de un poeta

Caminando por uno de los paseos principales de los históricos jardines del Campo Grande nos topamos con un busto caricaturesco sobre un pedestal en un pequeño parterre. El representado no es otro que el insigne poeta vallisoletano Leopoldo Cano y Masas, escritor vinculado al realismo social fallecido en 1934.

Busto de Leopoldo Cano. Detalle. Colección particular.
Valladolid desea honrar la memoria de uno de sus exponentes culturales y convoca un concurso público para erigir un monumento al escritor. Emiliano Barral es el encargado de ejecutar la obra y diseña un conjunto escultórico alegórico vinculado a la obra del autor. Por desgracia, Emiliano Barral se topó con la oposición del público que no supo ver su genio y el Ayuntamiento retiró su obra en 1935.

Tras este éxito frustrado del Consistorio, se convoca un nuevo concurso al que solo concurren artistas vallisoletanos. Para asegurarse y no caer en el mismo error, se descarta la alegoría y se busca erigir un busto realista, acorde con la tradición decimonónica presente todavía en la sociedad provinciana de la época. 

Juan José Moreno, más conocido como “Cheché” es el responsable de levantar el nuevo monumento a la memoria de Leopoldo Cano. Con un presupuesto más bien bajo – unas 2.500 pesetas –,  este dibujante e ilustrador de diarios escolares ejecuta su primera obra escultórica.

Mediante la caricatura, campo por el que se mueve su profesión, diseña una cabeza a la manera de los chistes gráficos de la prensa de los años treinta. Los materiales son los habituales en la tradición escultórica, el cobre galvánico para el busto y la piedra caliza para el pedestal. En marzo de 1936, se ubica en la Plaza de la Libertad aunque pronto es trasladado al Paseo del Príncipe del Campo Grande.

“Cheché” presenta al Ayuntamiento el 1 de noviembre de 1935 el proyecto para levantar el monumento a la memoria de Leopoldo Cano. Según las palabras del primerizo escultor, unos breves apuntes a carboncillo ofrecen  “una ligera idea de cómo pueda ser el efecto de busto-retrato del eximio poeta”. 


BOCETOS, por JUAN JOSÉ MORENO "Cheché" 
(firma en ángulo inferior derecho)



El gusto del artista por la caricatura se advierte en la nariz ganchuda, el bigote prominente y el interés por mostrar las profundas arrugas del rostro en la búsqueda del retrato psicológico. A pesar de ello, "Cheché" asegura que la representación de don Leopoldo es fidedigna porque asegura estar “al habla con don Alfonso Cano, hijo del gran poeta”.


Entre los artistas vallisoletanos que concurrieron al concurso y tuvieron la mala suerte de ser rechazados, se encuentran escultores que años después ganarían cierto nombre como Angel Trapote Mateo, profesor durante décadas de la Academia de Artes y Oficios de La Coruña y miembro además de la Real Academia de Nuestra Señora del Rosario, su hermano Crispín o Antonio Vaquero Agudo, que tras una dilatada carrera, llegó a dirigir la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y consiguió ser miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.
 
Fuentes:
CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis. “Escultura pública en la ciudad de Valladolid”, Ayuntamiento de Valladolid, 2000
AMVA: C. 379 – 23
Fotografía.  Colección particular

jueves, 3 de mayo de 2012

Pases centenarios

Unos tickets conservados no en muy buenas condiciones son los protagonistas de esta breve entrada. Procedentes de mi colección personal de “cosas viejas” que inicié siendo adolescente y que continúo, he considerado sacar a la luz unos fajos de entradas no vendidas que conservo y que dada la temática de estas líneas he decidido reproducir por su antigüedad.

Con la friolera de más de un siglo, las entradas aquí mostradas pertenecen al Teatro Zorrilla y fueron adquiridas por mí gracias a una donación particular hace más o menos quince años.

Las entradas corresponden a un periodo muy concreto, los últimos años de la primera década del siglo XX. Esta es la época de las comedias populares en todas sus modalidades y del drama burgués arrastrado del XIX. El cinematógrafo se impone también en esta década en las principales ciudades españolas.

Entrada de Cine. Cinematógrafo Imperial - Teatro Zorrilla.

Imágenes. Colección particular.



martes, 24 de abril de 2012

CIPCV, una ONCE primitiva

Vista parcial con peatones y autobús al fondo. Calle López Gomez. Edificios desaparecidos: Escuela Municipal y sede de los ciegos. Década de 1970. AMVA: Asociación de Prensa. F 00695 - 016




El Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos fue una institución sostenida por el Ayuntamiento que surgió en los treinta al amparo de la II República. La nueva Ley de Asociaciones abrió el camino para la formación de entidades benéficas. Hasta entonces, tanto en el primer tercio del siglo XX como en las últimas décadas del siglo XIX, invidentes y sordos habían dependido casi exclusivamente de personas filantrópicas y de órdenes religiosas de caridad. Con las iniciativas populares republicanas la situación cambia y nacen organizaciones de carácter asociativo dependientes de los ayuntamientos locales.

En el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza del 31 de octubre de 1934, A.M. Milhau afirma que en España existen alrededor de 30.000 ciegos. Aunque la mayor parte reside en Madrid y Barcelona, en muchas poblaciones se les da educación, protección y cobijo a través de entidades privadas y públicas. Valladolid inicia su propuesta municipal con el Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos como hacen también las ciudades de Alicante, Oviedo, Palma, Coruña, Vigo o Sevilla. Estos lugares con sus respectivas instituciones años después, se agrupan bajo una única organización llamada ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) que da uniformidad estatutaria y legal en 1938, en plena Guerra Civil y desde el Gobierno Provisional de Burgos, capital entonces del Bando Nacional.

Una de las señas de identidad que supone el compromiso con los discapacitados de la ONCE es la existencia del cupón pro-ciegos. Antes de su formación como organización, se suceden rifas benéficas en un plano local para apoyar la autonomía y la mejora de condiciones de los invidentes en poblaciones como Alicante en 1903, Murcia (1919), Cartagena (1918), Almería (1921), Alcoy (1926), Madrid, Valencia y Zaragoza (1933) y Cádiz, Córdoba, Sevilla, Barcelona y Valladolid en 1934.

El Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos tiene su origen en el año 1934 aunque en la década anterior existió también un colegio para sordomudos y ciegos. Tras su constitución como asociación, el nuevo centro recibe la visita de don Juan Antonio Quintana, alcalde de Valladolid, que brinda al proyecto su ayuda y protección. 

El presidente de la asociación, sabiendo del apoyo del alcalde a este grupo, remite un texto al Ayuntamiento solicitando un cambio de instalaciones a un emplazamiento público porque el lugar actual en la calle Duque de Lerma 1 resulta totalmente inadecuado para las funciones de la asociación. En palabras de su presidente, el Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos  se inicia por unos cuantos privados de vista que se han dado cuenta de la situación lamentable de gran parte de sus compañeros de infortunio, que tiene como fines fundamentales la educación, instrucción y mejora social de sus asociados, mediante la implantación de actividades asequibles a los ciegos, que les permitan emanciparse de la oprobiosa mendicidad.

Tras tratar el asunto en sesión ordinaria, el Ayuntamiento solicita que la asociación adjunte los detalles necesarios para conseguir los locales destinados a estos fines. El Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos como asegura en comunicación del 7 de agosto, cuenta con cincuenta socios activos y elabora la relación solicitada para lograr la cultura y mejora social de los ciegos de esta ciudad. Los locales son los siguientes:

Uno para Secretaría
Uno para administración del cupón pro-ciegos
Uno para biblioteca-archivo
Uno para sala de lectura
Uno para clase de lectura
Uno para clase de música
Uno para enseñanza general
Uno para recreo y reuniones generales,
Además, si es posible, vivienda para el conserje.

Al informe de la asociación, don Juan Antonio Quintana no ve impedimentos para cambiar la ubicación a otro lugar más adecuado y ordena, en un breve apunte a lápiz, que se disponga de las habitaciones utilizadas por las monjas.

Casi inmediatamente, la sede del Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos pasó al número 23 de la calle Núñez de Arce, esquina con la calle López Gómez, lugar que ocupó el antiguo local de la Cruz Roja y la antigua sede del viejo Ayuntamiento(1).

Gracias a los expedientes de fechas posteriores relacionados con la nueva ubicación hemos trazado la vida útil en Núñez de Arce hasta los años setenta y hemos conocido la existencia de un permiso de obras otorgado a Pablo Lago para acometer reformas en 1936. Durante el régimen franquista el Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos cambió de denominación tomando el sencillo nombre de Asociación de Ciegos.


Notas:
(1) La numeración de las calles citadas no responde a la numeración actual. Los cambios urbanísticos así como el lógico derribo y construcción de viviendas han provocado que los datos referidos no se ajusten con la numeración real de la calle.

Fuentes:
MILHAU, A.M., (31/10/1934), Impresión sobre la situación de los ciegos en España (I), Boletín de la Institución Libre de Enseñanza
VENTAJAS DOTE, Fernando y POZO FERNÁNDEZ, María del Campo, (2009). Contribución a la Historia de la Educación Especial en Málaga (II): la atención a las personas ciegas en la década de 1930. El largo camino hacia una educación inclusiva: la educación especial y social del siglo XIX a nuestros días : XV Coloquio de Historia de la Educación, Pamplona-Iruñea, 29, 30 de junio y 1 de julio de 2009
AMVA: CH 325 - 19
AMVA: C. 50818 – 102

Fotografías
AMVA:Vista parcial con peatones y autobús al fondo. Edificios desaparecidos: Escuela Municipal y sede de los ciegos. Década de 1970. Asociación de Prensa. F 00695 - 016