Hace unos meses hablamos de la estupenda suerte de la Niña del Siglo XX, el primer nacimiento apadrinado por el Ayuntamiento de Valladolid. A los
pocos días, un vaticinio agorero ocupó la prensa, la ciudad desaparecería para
siempre en 2009.
Lejos de desaparecer, Valladolid es ahora una importante
urbe. ¿Por qué esta afirmación catastrofista entonces? Por un análisis
"con fundamento" de la demografía vallisoletana.
En la primera quincena de 1901, 120 fallecidos, 8 diarios.
Nacimientos, 93. Pérdida de población, 1,80%. Extrapolando cifras, 657
desaparecidos en un año, 65.700 en un siglo. Con una población aproximada de 70.000
habitantes, en 2009 Valladolid desaparecería del mapa.
El augurio lo recoge El Norte de Castilla, el día 16 de
enero de 1901. De momento, sobrevivimos.
Previsión hipotética de la población en Valladolid
Los hermanos Pradera Antigüedad -Julio y Manuel- fueron dos empresarios vallisoletanos dedicados principalmente a la exhibición cinematográfica aunque en ocasiones también dirigieron sus propias películas. Por desgracia, estas cintas ya no existen y solo conservamos los títulos. El siguiente artículo busca trazar un paralelismo entre los filmes de los Pradera y otras películas de la época para encontrar influencias y corrientes en su filmografía.
Desde que el cine iniciara su andadura en España atravesando la barrera natural de los Pirineos en 1896, los Pradera apostaron por un negocio en alza que auguraba un gran éxito. Ese mismo año, en las fiestas septembrinas de Valladolid se instaló en frente de la antigua Academia de Caballería una barraca de feria que reproducía imágenes en movimiento contando con bastante afluencia de público.
Los Pradera habían conquistado así el corazón del público de Valladolid. Ahora, tras las fiestas, tocaba trasladar el invento a otras localidades y repetir el éxito. Ciudades como Bilbao, Santander o Lugo también disfrutaron en los primeros años del cinematógrafo Pradera y de su enorme popularidad. Después, se extendieron a otros lugares instalándose, siempre de forma itinerante, en diferentes puntos del noroeste peninsular.
Barraca de feria ambulante del cinematógrafo Pradera.
AMVA: Colecciones de procedencia variada. PV 00079
Junto a la estatua de José Zorrilla, don Manuel Pradera instala en 1904 el primer pabellón de proyecciones estable, similar a los existentes en otras ciudades españolas. Con una estructura de barracón, en su interior cobija sillas y, en su exterior, la marquetería y los motivos pictóricos modernistas iluminados con electricidad producen un maravilloso efecto. Un año después, Bilbao abre un nuevo pabellón Pradera muy parecido al de Valladolid.
La dificultad de encontrar un repertorio amplio que complete la actividad efímera, constante y novedosa del cine se torna en un grave problema para estos pioneros del celuloide. El repertorio clásico, tanto de las películas producidas por la Pathé como las “vistas fijas”, se torna escaso y urge completar las sesiones con nuevas películas. En este contexto, los hermanos Pradera toman la cámara convirtiéndose en los primeros cineastas vallisoletanos.
Como aseguran los autores Frutos Esteban y Pérez Millán en “Los primeros pasos del Cine en Castilla y León”en "Los orígenes del Cine en España" (Boletín Artigrama 16, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza), establecer un recorrido cronológico a través de las fuentes es difícil porque no contamos con las películas físicas firmadas por los hermanos Pradera. Gracias a los intentos de varios autores conocemos hoy sus títulos y podemos deducir que se proyectaron en los salones, pabellones y barracas de diferentes ciudades españolas.
Ante la imposibilidad de comentar las películas Pradera desaparecidas, a modo de análisis personal y basándome en los títulos, semejantes a los existentes en la época, he establecido una breve relación con esas obras como acercamiento a la realidad de aquellas películas, sea por antecedentes, temáticas o corrientes. Quizá podamos así arrojar un poco de luz sobre los filmes de estos directores vallisoletanos primigenios que vieron en un público ávido de experiencias un negocio bastante rentable.
La innovación cinematográfica no despegó en España tan rápido como en otros países europeos en parte por la falta de modernización del país. Exceptuando los núcleos de Madrid o Barcelona, el resto de provincias carecía del impulso económico necesario para el desarrollo de ciertas aventuras empresariales. A lo largo de la década de 1900, la producción fílmica española se limitó a reproducir modelos franceses copiando estilos, temáticas e incluso títulos. Los jóvenes realizadores de provincias utilizaban en sus películas las características impuestas por el referente Lumière, firma considerada la más prestigiosa por su antigüedad. El caso de los hermanos Pradera lo enmarcamos bajo esta corriente. Sus trabajos se filman en las mismas fechas y muchos de los títulos de sus cintas se asemejan con obras realizadas por los Lumière y Promio en años anteriores.
Listado de películas de los Hnos. Pradera
1904
- Vista del puerto de Portugalete (Posiblemente la primera película proyectada en Valladolid en el pabellón de la plaza Zorrilla)
- El entierro de la princesa de Asturias
- Salida de los obreros de los talleres del ferrocarril del Norte, a la hora de comer, Valladolid
- Salida de misa de doce de la Catedral de León
- Salida de misa de doce de Santa Lucía, Santander
- Paso por la Alameda, Santander
- Segunda a la salida de la plaza de toros, Santander
- Salida del parque a un incendio por los bomberos municipales, Santander
- Asalto a una casa por los mismos, Santander
- Revista de los cuerpos de bomberos municipales y voluntarios en el boulevard, Santander
- Calle de San Marcelo al paso del Regimiento de Burgos y durante el paseo, León
- Ejercicios de preparación para el concurso hípico, realizados en el Hipódromo de Valladolid por el distinguido oficial de Farnesio, Señor Riaño, Valladolid
1905-1906
- Llegada de un tren a Llanes, 1905
- La salida de la iglesia de los jesuitas, La Coruña (1905-06?)
- Embarque de la tuna compostelana en Coruña (1905-06?)
- Cabalgata alegórica de las últimas fiestas de La Coruña (1905-06?)
- Sesión de patines en La Coruña (1905-06?)
- Los alumnos de la Academia de Artillería camino de Baterías, Segovia, 1906
- Vistas de Zamora, 1906
- Batallón Infantil de Zamora, 1906
- Jura de bandera por los reclutas del Regimiento de Toledo y misa de campaña, 1906
Referentes Lumière
Salida de los obreros de la fábrica, 1895 / Hnos. Lumière
Salida de los obreros de los talleres del ferrocarril del Norte, a la hora de comer, Valladolid, 1904
El barco abandona el puerto, 1895 / Hnos. Lumière
Vista del puerto de Portugalete, 1904
Llegada de un tren, 1895 / Hnos. Lumière
Llegada de un tren a Llanes, 1905
Bomberos a Lyon, 1896 / Hnos Lumière
- Salida del parque a un incendio por los bomberos municipales, Santander, 1904
- Asalto a una casa por los mismos, Santander, 1904
- Revista de los cuerpos de bomberos municipales y voluntarios en el boulevard, Santander,1904
Referentes Promio
Funeral de la Reina Victoria, 1901 / Alexandre Promio
- El entierro de la princesa de Asturias, 1904
Otros referentes
Eduardo Jimeno Correas (Variante española de obreros fábrica)
Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza, 1896
- Salida de misa de doce de la Catedral de León, 1904
- Salida de misa de doce de Santa Lucía, Santander, 1904
- La salida de la iglesia de los jesuitas, La Coruña (1905-06?)
Fuentes:
AA.VV.: "Los orígenes del Cine en España". Boletín Artigrama nº 16, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2001
MARTÍN ARIAS, L. y SAINZ GUERRA P.:"El cinematógrafo (1896-1919)". Cuadernos Vallisoletanos nº 14, Valladolid, 1986
Imágenes
MARTÍN ARIAS, L. y SAINZ GUERRA P.: "El cinematógrafo (1896-1919)". Cuadernos Vallisoletanos nº 14, Valladolid, 1986
AMVA: Colecciones de procedencia variada. PV 00079. Barraca de feria ambulante del cinematógrafo Pradera.
Desde que la prensa iniciara su andadura en el convulso final del siglo XVIII, la caricatura, al igual que los artículos de opinión, diseccionaron las diferentes realidades del momento.
El siglo XIX, tras los coletazos revolucionarios de las guerras napoleónicas, estuvo marcado por la burguesía ilustrada, los avances tecnológicos, numerosos cambios políticos abruptos e innumerables conflictos armados. Con este panorama, la proliferación de la prensa encuentra el caldo de cultivo ideal para su completo desarrollo.
Entre el sinfín de semanarios, periódicos y revistas que se publican en el siglo XIX encontramos, sobre todo a partir de la segunda mitad, artículos con ánimo de denuncia y caricaturas como crítica a la sociedad. Al amparo de la burguesía vallisoletana afloran una serie de publicaciones de contenido satírico, literario y artístico. Como en otras ciudades españolas, la prensa de estas temáticas centra su crítica en la política, la problemática social e incluso en conflictos bélicos. La caricatura, con la exageración de rasgos y el uso de gestos teatrales, genera mofa e invita a la sonrisa.
Don Narciso Alonso Cortés, ilustre historiador vallisoletano, recogió en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid* algunas caricaturas ilustrativas procedentes de diversos medios locales de las últimas décadas del siglo XIX.
Las publicaciones que contienen los siguientes chistes gráficos pueden ser consultadas en el boletín citado. En palabras de Alonso Cortés, deseos a los que me sumo, la recopilación se ofrece con el propósito de que sus autores no caigan en el olvido. La ironía es la seña de estas caricaturas que, con un estilo muy sintético, manifiestan los anhelos de la burguesía vallisoletana por semejarse a la potente burguesía madrileña.
CARICATURAS
La ilustración pertenece al semanario satírico “La Murga”, de 1865. El tema hace referencia, mediante figuras humanas, a la quiebra de la sociedad de Crédito Castellano en Valladolid. Los personajes son la Banca (doña Unión), los acreedores (don Credo) y el comisario regio del banco, destituido por el escándalo (don Cachaza). El ilustrador y escultor Manuel Fernández de la Oliva (M. Oliva) suele pintar escenas de la vida política.
Doña Unión.- ¡Que me caigo... que me caigo!... Don Credo.- ¡Ay... ay... ay!... Don Cachaza.- ¡¡¡Gua!!! (Los dos primeros se rompen la cabeza y el último recibe el golpe)
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Mefistófeles es otro de los periódicos satíricos y nace en 1871. El caricaturista es Salvador Seijas, pintor de Fuentes de Nava (Palencia). Son ilustraciones morales, reprueban comportamientos extendidos en la época.
EN VARIEDADES.- El.- ¿Quieres venir a dar un paseo por las Moreras? Ella.- Calla, que está detrás mi marido. (Publicado en domingo de Carnaval)
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La pajarera. Album de caricaturas escrito por José Estrañi y dibujado por Manuel Pérez Vicente. Este folleto de 1875 es una recopilación de caricaturas de prohombres vallisoletanos. Un ejemplo es el retrato de Ángel Álvarez Taladriz, hombre de muchos talentos, como se puede ver en la leyenda. (El Paseo Zorrilla fue llamado Álvarez Taladriz)
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El inocente fue un periódico humorístico que se publicaba los días 28 de diciembre, como los Santos Inocentes. Todos los contenidos de esta publicación son humorísticos, como las inocentadas. El dibujante Ricardo Huerta es el autor y se editó en 1885 y 1887.
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En 1896 surge el semanario La Mosquita Muerta. Pablo Cilleruelo (Cille) retrata a un alcalde de Valladolid y profesor de Derecho, Eusebio María Chapado.
*Fuentes: ALONSO CORTÉS, Narciso: "Caricaturistas vallisoletanos" en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, nº 18, 1946
El anuario Riera fue un boletín anual editado por el Centro de Propaganda Mercantil de Barcelona entre los años 1896 y 1911 cuyo responsable era el empresario Eduardo Riera Solanich. El compendio recogía la actividad económica e industrial española mediante registros mercantiles, informes estadísticos, geográficos y elementos descriptivos en diferentes provincias, ciudades y partidos judiciales.
En la actualidad, el anuario Riera es una fuente inagotable de información útil para los investigadores y ofrece una nítida radiografía de la sociedad y del entramado empresarial de la época.
La visita a Valladolid del joven Alfonso XIII junto a su madre supuso uno de los acontecimientos más relevantes en el devenir social de la urbe. Por su importancia, he decidido reproducir algunos de los registros de 1903 del anuario Riera, fecha en la que se produce la visita, para conocer con datos objetivos qué fue lo que se encontró la comitiva real a su paso por la ciudad.
Para confeccionar la siguiente relación de profesiones existentes en Valladolid, he utilizado criterios arbitrarios aunque muy significativos del movimiento económico en la capital castellana extraídos de las páginas de Riera en 1903. Así mismo, ante la inutilidad de plasmar con detalle los registros, he considerado simplificar los datos mediante números.
Información sobre la ciudad de Valladolid en el Anuario Riera de 1903
Valladolid. Ciudad de 68.716 habitantes de H.(hecho) y 67.917 de D.(derecho). Es el principal centro comercial de Castilla y una de las principales capitales del reino; está situada en una extensa llanura regada por los ríos Pisuerga y Esgueva, que allí se juntan. Celebra ferias del 24 al 30 de Junio y del 18 al 29 de Septiembre. La Compañía de los ferrocarriles del Norte tiene establecidos en esta ciudad sus principales talleres. – de Madrid a Hendaya, de Ariza a Valladolid y de Valladolid a Medina de Rioseco.
Extracto de profesiones en Valladolid en el Anuario Riera de 1903
Elemento Oficial
Gobernador Civil. Santos Cuadros
Alcalde. Alfredo Queipo de Llano
Secretario. Tomás Pinedo Lacasé
Juzgados municipales. Distrito de la Plaza. Elpidio Abril García
Distrito de la Audiencia. Modesto Domingo Solanilla
Fiscal. Marcos Miguel Romero
Secretario. Ramiro Martínez de Velasco
Jueces de primera instancia. Dist. Plaza. José María de Castro
Distrito de la Audiencia. José Pardo y Crespo
AUDIENCIA
Presidente territorial. José Álvarez Cid
Presidente de lo Civil. Pedro Higueras
Presidente provincial. Mariano Laspra
Fiscal de S.M. Juan Vázquez
68 ABOGADOS QUE EJERCEN
90 ABOGADOS QUE NO EJERCEN
5 AGENTES DE NEGOCIOS
1 ALCOHOLES – FÁBRICA
7 ALFARERÍAS
12 ALFOMBRAS Y NOVEDADES
2 ALUMBRADO PÚBLICO
5 ARQUITECTOS
3 AZÚCAR – FÁBRICAS
4 BANCOS + 4 BANQUEROS
7 BAZARES
6 CAFÉS
9 CAMISERÍAS
25 CARPINTERÍAS
25 COLEGIOS PARA NIÑAS
26 COLEGIOS PARA NIÑOS
6 COLEGIOS 2ª ENSEÑANZA
69 COMESTIBLES
25 COMUNIDADES RELIGIOSAS
6 CONSULADOS (Chile, Costa Rica, Francia, Italia, México, Argentina)
11 ESCUELAS MUNICIPALES PARA NIÑAS
4 ESCUELAS MUNICIPALES PARA NIÑOS
6 ESPECTÁCULOS PÚBLICOS (ESPACIOS)
28 ESTANCOS
16 FARMACIAS
5 FONDAS Y HOTELES
8 FOTOGRAFÍA (ESTUDIOS)
22 ALMACENES GRANO
17 HARINAS – FÁBRICAS
19 IMPRENTAS
17 INGENIEROS (VARIAS DISCIPLINAS)
11 LIBRERÍAS
10 MAESTROS DE OBRAS
108 MÉDICOS
13 PERIÓDICOS
28 POSADAS
5 RESTAURANTES
12 COMPAÑÍAS DE SEGUROS
10 VETERINARIOS
20 COSECHEROS VINO + 7 EXPORTADORES
32 ZAPATERÍAS
Fuentes:
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Anuario Riera. 1903. pp. 2073 a 2080
Imágenes:
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. Anuario Riera. 1903. p. 5
El compromiso que adquiere una población con sus habitantes es el de asegurar el bienestar de todos los que la forman. Las ciudades dotan a sus ciudadanos de servicios básicos que contribuyen a la mejora de la calidad de vida facilitando el abastecimiento de agua, el alumbrado y el suministro de energía, la pavimentación de las calles, la recogida de basuras y el transporte público.
Al contrario que en las grandes capitales como Madrid o Barcelona donde tales necesidades son subsanadas en parte en las últimas décadas decimonónicas, las poblaciones castellanas, menos desarrolladas y con una burguesía todavía poco influyente, deben de esperar unos cuantos años más a que los servicios se estandaricen y solucionen las deficiencias públicas en higiene y movilidad.
Tras esta breve introducción, la temática de este artículo va a girar sobre el transporte público en Valladolid durante el siglo XX. Nos ayudará a conocer cómo el Ayuntamiento velaba por facilitar a sus ciudadanos el derecho a circular libremente por el conjunto del espacio urbano y averiguar qué clase de vehículos se utilizaban para este propósito.
Tranvía de tracción animal. Calle Santiago. Década de 1900.
AMVA: Colección Gilardi. G 012
En el tránsito del siglo XIX al XX, Valladolid contaba con una población aproximada de 70.000 habitantes formada por una incipiente burguesía, unos cuantos proletarios y una gran masa agraria. Los transportes que utilizaban no eran muy variados, los carros de trabajo llevados por bueyes o mulas y los coches de caballos dominaban las travesías. En estos primeros años surge el tranvía con unas características más semejantes a las del carro que a las del vehículo comunitario. Avanzaba con lentitud sobre raíles insertos en la calzada y solían tirar de él unas mulas por ser animales más apropiados para transportar cargas.
En septiembre de 1910 se pone en marcha el tranvía eléctrico en Valladolid. El nuevo vehículo se aproxima más a un tren al que se enganchan vagones de acuerdo con la estratificación social de los clientes. El acontecimiento adquiere dimensiones de verdadera revolución técnica e incluso toma tintes sobrenaturales como recoge la crónica de El Norte de Castilla el día de la inauguración: “la capital de Castilla, Valladolid tan amado, puede con justicia ostentar el orgullo del esfuerzo cumplido al sentir estremecido su suelo con el trepidar vertiginoso de unos bellos vehículos endiablados movidos solamente por un rayo de luz”.
Vista de la Avenida de Alfonso XIII con tranvía. (Acera Recoletos). Década de 1910.
AMVA: Fotografías del Archivo. PR 044
El tranvía se descartó pronto como el futuro de las comunicaciones internas dentro de la ciudad porque taxis y autobuses, al no necesitar raíles, ofrecían mayor libertad de movimientos tanto a conductores como a usuarios. El olvido apartó para siempre este medio de locomoción en 1955, fecha fatídica en la que se eliminaron las vías relegando al tranvía a un nostálgico recuerdo.
Mientras el tranvía pierde progresivamente usuarios, muchos propietarios de coches de caballos se embarcan en empresas de transporte privado. Según transcurren los tiempos, los caballos son sustituidos por vehículos a motor, el propietario marca las tarifas y se producen abusos considerables que conllevan conflictos. Durante las primeras décadas del siglo XX, Valladolid carece de normas y legislación definitiva que regule la situación de los taxistas.
Dos personas junto a un taxi. 1935/36.
AMVA: Colección Ulises Asimov (seudónimo). UA 0061
En 1936 estalla la Guerra Civil. Valladolid cuenta entonces con una población extensa, en torno a los 100.000 habitantes. En la capital de Castilla se aglutinan batallones militares que conviven habitualmente con civiles. El régimen franquista exige una nueva burocracia más incisiva, más reglada y más exigente con las leyes. En octubre de ese mismo año se tramitan las primeras licencias de auto-taxi otorgadas por el Ayuntamiento. Los nuevos permisos cuya obtención se consigue tras un considerable desembolso económico permiten circular por las calles de Valladolid sin sobresaltos. Además para conseguir una licencia debes poseer un vehículo automóvil lo bastante amplio para trasportar viajeros con sus respectivos equipajes. Las infracciones habituales por falta de decoro, robar a los clientes o usurpar usuarios a otros compañeros del gremio se castigan con multas exageradas para la maltrecha economía de la época.
Mucho antes de que la revolución femenina llamara tímidamente a la puerta de la sociedad española, las mujeres que habían perdido su sustento económico en la guerra tuvieron que tomar las riendas de su vida y asumir la situación de desamparo de la nueva sociedad franquista. Para soportar las cargas familiares y sacar adelante a sus retoños, muchas fueron las señoras que, bien perteneciendo a buenas familias propietarias de algún automóvil, bien por no tener recursos y reunir con sumo esfuerzo el dinero de sus parientes, adquirieron una licencia de taxi como única salida digna a la pobreza. La mayoría de aquellas mujeres llegaron a jubilarse en los años sesenta y sus hijos heredaron la profesión. Una década después, las mujeres taxistas habían desaparecido casi por completo de las calles de Valladolid.
Autobús Empresa Carrión. Línea 5 - Plaza Mayor - Rubia. Últimos década de los 50.
AMVA: Asociación de la prensa. F 00242 - 001
Con la desaparición del tranvía y el retiro de todo el entramado viario en 1955, la flota de autobuses del Ayuntamiento asume los desplazamientos urbanos. En 1956, la capital contaba ya con tres líneas fijas y sus recorridos se mantuvieron imperturbables durante décadas.
1. Delicias – Fuente Dorada – Barrio de la Victoria
2. Bombilla – Fuente Dorada – Barrio Girón
3. Poniente – Estación del Norte – Puente Colgante
Fuentes: ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID. Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011. Varios expedientes en Archivo Municipal de Valladolid. Imágenes: Tranvía de tracción animal. Calle Santiago. Década de 1900. AMVA: Colección Gilardi. G 012 Vista de la Avenida de Alfonso XIII con tranvía. (Acera Recoletos). Década de 1910. AMVA: Fotografías del Archivo. PR 044 Dos personas junto a un taxi. 1935/36. AMVA: Colección Ulises Asimov (seudónimo). UA 0061 Autobús Empresa Carrión. Línea 5 - Plaza Mayor - Rubia. Últimos década de los 50. AMVA: Asociación de la prensa. F 00242 - 001
A comienzos del presente siglo, la esperanza de la sociedad en el ser humano había sido alentada por lo últimos acontecimientos del siglo XX. La Guerra Fría había terminado y el mundo corría esperando la nueva era con ilusiones renovadas. Con los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York tomamos conciencia que el siglo XXI no iba a ser como pensábamos, quizá por intuir un desagradable y nuevo orden mundial.
Los deseos de progreso son siempre inherentes a la naturaleza humana. Cuando abandonamos un año en el que no nos ha ido como pensábamos desprendemos un pesimismo difícil de disimular, sin embargo, cuando comenzamos el siguiente, nos arrolla el positivismo y, sin remedio, intentamos cumplir las premisas universales de que “todo tiempo pasado fue peor” y de que “todo puede ir a mejor”.
Al igual que nosotros, la sociedad decimonónica vivió el tránsito al siglo XX con verdaderas expectativas de cambio. El pesimismo de la época, alentado por la reciente pérdida de las colonias americanas consideradas el último bastión del descalabrado honor del imperio español, se impone sin remedio en la población generando un profundo malestar que aunado con los grandes males endémicos del país anhela un siglo XX que olvide lo más rápido posible el desgraciado pasado inmediato.
Valladolid pretende entonces dotar de un carácter festivo el comienzo del siglo. Es una de las primeras Nocheviejas con actos solemnes, se decoran los edificios públicos y se propone a los ciudadanos que hagan lo mismo con sus casas. La caridad también se impone y el 1 de enero de 1901, el Ayuntamiento de Valladolid ofrece una comida a los necesitados, es decir, a los pobres del Asilo y a los de San Vicente de Paúl.
En la línea de conmemorar la entrada al siglo del progreso, el Ayuntamiento de Valladolid decide apadrinar al primer recién nacido vallisoletano. Poco tiene que esperar, solo quince minutos pasados de las doce del primero de año. En la calle Mantería ha nacido Margarita Manuela Carbajosa Cubero. “La niña del siglo” como se acuñó en la prensa, tenía un padre jornalero que permanecía parado debido al invierno. El Ayuntamiento dotó con 250 pesetas a la familia y ofreció al padre un puesto en la plantilla municipal. También se ofreció a cargar con los gastos de la pequeña durante al menos, diez años. Manutención, vestido y educación en el colegio de las dominicas francesas de la calle Santiago correrían a cargo del erario público.
El expediente que guarda el Archivo Municipal acerca de este nacimiento contiene un ripio que cuenta cómo se solemnizó el nacimiento de “la niña del siglo”. Es muy interesante porque, además de las autoridades, grupos de músicos amenizaron la marcha.
Expediente relativo al nacimiento de la niña Margarita Manuela Carbajosa Cubero, nacida a las doce y quince minutos del día 1 de enero de 1900. Fragmento. AMVA. Informes Secretaría. Caja 739 - 25.
Fuentes:
ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID: Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011. AMVA: C. 739 - 25
Caminando por uno de los paseos principales de los históricos jardines del Campo Grande nos topamos con un busto caricaturesco sobre un pedestal en un pequeño parterre. El representado no es otro que el insigne poeta vallisoletano Leopoldo Cano y Masas, escritor vinculado al realismo social fallecido en 1934.
Busto de Leopoldo Cano. Detalle. Colección particular.
Valladolid desea honrar la memoria de uno de sus exponentes culturales y convoca un concurso público para erigir un monumento al escritor. Emiliano Barral es el encargado de ejecutar la obra y diseña un conjunto escultórico alegórico vinculado a la obra del autor. Por desgracia, Emiliano Barral se topó con la oposición del público que no supo ver su genio y el Ayuntamiento retiró su obra en 1935.
Tras este éxito frustrado del Consistorio, se convoca un nuevo concurso al que solo concurren artistas vallisoletanos. Para asegurarse y no caer en el mismo error, se descarta la alegoría y se busca erigir un busto realista, acorde con la tradición decimonónica presente todavía en la sociedad provinciana de la época.
Juan José Moreno, más conocido como “Cheché” es el responsable de levantar el nuevo monumento a la memoria de Leopoldo Cano. Con un presupuesto más bien bajo – unas 2.500 pesetas –, este dibujante e ilustrador de diarios escolares ejecuta su primera obra escultórica.
Mediante la caricatura, campo por el que se mueve su profesión, diseña una cabeza a la manera de los chistes gráficos de la prensa de los años treinta. Los materiales son los habituales en la tradición escultórica, el cobre galvánico para el busto y la piedra caliza para el pedestal. En marzo de 1936, se ubica en la Plaza de la Libertad aunque pronto es trasladado al Paseo del Príncipe del Campo Grande.
“Cheché” presenta al Ayuntamiento el 1 de noviembre de 1935 el proyecto para levantar el monumento a la memoria de Leopoldo Cano. Según las palabras del primerizo escultor, unos breves apuntes a carboncillo ofrecen “una ligera idea de cómo pueda ser el efecto de busto-retrato del eximio poeta”.
BOCETOS, por JUAN JOSÉ MORENO "Cheché" (firma en ángulo inferior derecho)
El gusto del artista por la caricatura se advierte en la nariz ganchuda, el bigote prominente y el interés por mostrar las profundas arrugas del rostro en la búsqueda del retrato psicológico. A pesar de ello, "Cheché" asegura que la representación de don Leopoldo es fidedigna porque asegura estar “al habla con don Alfonso Cano, hijo del gran poeta”.
Entre los artistas vallisoletanos que concurrieron al concurso y tuvieron la mala suerte de ser rechazados, se encuentran escultores que años después ganarían cierto nombre como Angel Trapote Mateo, profesor durante décadas de la Academia de Artes y Oficios de La Coruña y miembro además de la Real Academia de Nuestra Señora del Rosario, su hermano Crispín o Antonio Vaquero Agudo, que tras una dilatada carrera, llegó a dirigir la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y consiguió ser miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid. Fuentes: CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis. “Escultura pública en la ciudad de Valladolid”, Ayuntamiento de Valladolid, 2000 AMVA: C. 379 – 23 Fotografía. Colección particular